Guía: Un hombre en el feminismo

Aquí unos pasos sencillos para esos hombres que se auto-proclaman pro-feministas pero se niegan a abandonar un posicionamiento claramente patriarcal (vosotros, los de las asambleas y reuniones, aplicaros el cuento, o vuestra democracia será la que decida vuestra bolsa escrotal) (y esto os lo escribe un hombre):


1. Escucha

Esto significa dejar que la persona se exprese. Parece fácil, pero normalmente cuesta. Es necesario tener paciencia, haber tirado al cubo de la basura todos tus prejuicios. Abrir bien la mente, las orejas. No hacer gestos repletos de condescendencia. Esto es: olvídate de las risitas, los toques en el hombro, los “pero nena” y cualquier otra expresión, postura, comportamiento que haga referencia a la inmadurez de la que te está hablando y al poder que tú tienes en tu infinita sabiduría. Espatarrarse y señalar todo el rato con el dedito, tampoco ayuda, ya te lo digo yo.

2. Calla

No hace falta que interrumpas todo el rato o que tu opinión lo abarque todo, NO-HACE-FALTA, porque hablas desde el privilegio masculino.  Ya sé que tú no sientes tener ningún poder, que te parece algo invisible que existe pero está fuera de ti, en el resto de hombres, pero no es así, tú también lo tienes. SISTEMA PATRIARCAL. Si eres pro-feminista o te interesa, comienza a tomar en cuenta todo lo que eso significa y asume tu parte de responsabilidad.  ¿Qué tal si observas antes de entrar a matar con tus absurdos comentarios no documentados, basados en experiencias ULTRA MEGA PUNTUALES y machistas? ¿Qué tal si preguntas antes de ofender? ¿Qué tal si te acercas al feminismo con humildad? No tienes porque saberlo todo, así que si dejas de estar a la defensiva, te harás un favor a ti y a ellas.



3. Empatiza

Si las mujeres están sacando toda esta rabia e indignación, si escriben sobre acoso, sobre diferencia salarial, si graban vídeos para expresarse, si tenemos blogs, si es una experiencia compartida MUNDIALMENTE, ¿por qué las sigues juzgando? Haz el esfuerzo, el trabajo de bajarte de tu pedestal y de ver, sentir, escuchar que lo que te cuentan no tiene nada de divertido, nada de normal. ¿Crees que son quejas sin importancia? Lo lamento mucho- en realidad, no-, pero para ellas esas “quejas sin importancia” son el pan nuestro de cada día, y aquí estamos, explicando de nuevo los motivos de porque estamos en la lucha (y créeme, ya van dos millones de veces las que repetimos el mismo argumento).

4. No a las actitudes (pasivo)agresivas

Muchos hombres dicen no ser violentos. Luego os pasáis el rato haciendo chistes machistas, homófobos, racistas, incluso empujáis con malas formas a vuestros propios amigos, pero eh, todo es buena onda. Teóricamente es un código de machos que yo no puedo comprender, porque lo cierto es que para mí es una burda muestra de fuerza para marcar territorio y, que quieres que te diga, pero al amigo en cuestión, no lo veo nada agradecido por mucho que calle (no vayáis a acusarle de “nenaza” o “maricona”, todo muy poco machista y homofóbico, claro).

De otra parte, si no sois directamente violentos con las mujeres, intentáis ejercer sobre ellas chantaje emocional, dejarlas en ridículo, en fin, mostráis actitudes super conciliadoras que nada tienen que ver con la necesidad imperiosa de dominar todo. Si alguna de ellas pide que bajéis el tono, cambiéis el vocabulario, o se niegan a ir de comprensivas y a dar justificaciones, os sentiréis super ofendidos. La culpa obviamente es de la persona imbécil que ve agresión en palabras como “puta”, “muerde almohadas”, en actitudes manipuladoras o en “toques entre amigos” (sigo recordando la cara de “felicidad” de tu “amigo”). Así que comenzáis a soltar indirectas, volvéis a elevar el tono, a atacar personalmente (lo de quejica va en esta línea).

Cuando finalmente una mujer responde con contundencia, la maleducada y agresiva es ella. Ella se ha defendido. Ha explicado porque le molestan esos chistes, no tiene porque soportar más ataques. El agresivo es el tipo impertinente, aunque no haya levantado ni una sola mano.

5- Se más democrático

Si tú hablas doce veces más que la persona que tienes al lado, si no empatizas, si no escuchas, si no respetas turnos, si eres (pasivo)agresivo, si no te preocupa el otro, si no sales de tu propio ombligo, ¿cómo quieres acercarte al feminismo? ¿cómo quieres crear espacios más democráticos donde participen las mujeres?

En definitiva, lo que pido es algo muy claro: DEJA DE SER UN MACHO ALFA, deja de marcar paquete, hay vida más allá de tu miembro viril, la masculinidad que te dijeron que pusieras en práctica ES UNA MIERDA.

Y antes de que me digan que hay mujeres así, sí, las hay, y solo están adoptando comportamientos patriarcales, así que el ejemplo no me sirve de nada.

¿Me he quejado mucho? Quizá. Pero no me importa.

Por cierto, si quieres ver qué propuestas tenemos en política u otros ámbitos, no es tan complicado, en internet tienes mucha documentación. Si has llegado a este blog, puedes llegar a ella. Ánimo.

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