Dentro de los micromachismos a los que siempre se hace alusión, principalmente por parte de hombres jóvenes modernos de izquierdas feministas progresistas (y creo que no me dejo ningún adjetivo) está también el perpetrado por mujeres jóvenes modernas de izquierdas feministas y progresistas.
Estamos tan acostumbrados y tan inmersos en un sistema patriarcal y lo aceptamos con tal naturalidad, que incluso la (y el) feminista más acérrima puede caer a veces en actitudes patriarcales. El verdadero reto está ahí, en eliminar de nuestras vidas cotidianas aquellos gestos que tenemos tan asimilados que no los consideramos ni siquiera como machistas. Me sorprendo cada día descubriendo buenas personas de mi entorno, que por supuesto no aprueban el feminicidio ni el maltrato a la mujer y reaccionan con horror las violaciones tolerando pequeñas actitudes machistas que siguen sustentando el sistema que mata y viola. Siempre hay por supuesto quien tras la reacción de horror, pregunta de modo inquisitivo (y casi juzgador) dónde estaba la susodicha víctima, qué hora era y qué llevaba puesto. Todavía no he escuchado a nadie preguntar cómo iba vestido el agresor, pero seguro que todo llega.
Hace unos meses me encontré en una situación a la que no puedo dejar de darle vueltas. Un amigo y yo coincidimos con una compañera en la parada de autobús, con lo cual cruzamos la calle los tres juntos. Delante nuestro iba una chica con un cuerpo que encajaba bastante en el cánon de belleza actual con unos leggins muy ajustados que resaltaban sus atributos, concretamente sus nalgas. Semejante situación merecía un juicio de valores sobre la chica en cuestión, faltaría más, no vayamos a dejar que la muchacha vista como mejor le parece. Sin embargo el comentario no vino de mi amigo, sino de nuestra compañera. En concreto su frase fue algo así:
– A ver, tú que eres hombre, y podrás darme tu opinión. ¿Cuando ves una chica así vestida qué ves que va pidiendo?
Tengo que reconocer que la reacción de mi amigo me sorprendió gratamente, ya que respondió algo así como “pues no creo que vaya pidiendo nada, claro que me resulta agradable a la vista, pero no creo que sea un pedido de nada”. De la pregunta de mi compañera, extraigo varias conclusiones:
– Si una mujer se viste de forma provocativa, es porque va pidiendo algo. Nada nuevo bajo el sol, faltaría más que nos hiciéramos algo que no sea para atraer a todo hombre heterosexual con el que nos crucemos en nuestro camino.
– La chica se había vestido para el deleite de hombres heterosexuales, tampoco se contempla la opción de que tal vez intentara llamar la atención de otra chica.
– En ningún caso estaba así vestida porque es como se siente a gusto y más cómoda.
Hola heteropatriarcado, un saludo.
Le hice notar a mi compañera que tal vez la chica se había vestido así por una elección personal de gusto y estilo, porque seguramente su vida no giraba alrededor de un pene cishetero. No quedó demasiado satisfecha con esta explicación.
Esta situación en concreto me produjo situaciones encontradas. Por un lado me reconfortó la reacción de mi amigo, una especie de estupefacción por la pregunta. Por otro lado, me sentí profundamente defraudada por la pregunta.
Mujeres jóvenes, independientes, que viven solas, siguen arrastrando estos clichés, juzgando y denigrando a otras mujeres. Son el mismo tipo de mujeres que ven normal un novio controlador y celoso, porque eso significa que las quiere, las cuida y las protege. Me cuesta sin embargo culpabilizar a estas mujeres, ya que también son víctimas de una educación patriarcal.
Si por casualidad eres mujer y te has sentido identificada con la situación que he descrito, nunca es tarde para reflexionar y no repetir. Si eres hombre y también crees que has repetido esta conducta, también puedes aplicarte el cuento. No lo hagas, es mal. Está feo juzgar a la gente por su aspecto. Está feo valorar a una mujer por cómo va vestida. Está feo creer que las mujeres se visten de una determinada manera sólo por proporcionar placer a los hombres. Si eres hombre cis hetero, déjame decirte que vives engañado: nuestra vida no gira alrededor de vuestro pene. Si eres mujer, también estás engañada: ni tu vida, ni la de las otras mujeres, gira alrededor de un pene.
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