No es culpa tuya

Por ese “Si vienes tan tarde no vengas sola, que te acompañe alguien”.
Por los “hija que guapa vas; pero bájate la falda”.


Ya ni tus padres se fían, qué bien. Como me duele y me revienta que piensen que la culpa de que me pueda o no pasar algo malo seamos yo y mi forma de vestir. No educan a un hijo a no violar o guardarse sus malditos comentarios ofensivos, sino a sus hijas a taparse; en ese sentido discrepo en la educación de muchos padres.
Por la cantidad de veces que no nos miran a los ojos con la excusa de “es que con ese escote, es inevitable“.
Por cada vez que me han mirado en cualquier sitio.
Por descubrir lo rápido que puedo llegar a andar cuando viene un hombre detrás de mí.
Es de locos, pero al final terminé por creerme que la culpa era mía. Así es, tengo yo la culpa de vuestras increíbles faltas de respeto.
Por supuesto, no somos santas ni somos siempre víctimas: somos humanas. Como mujer que soy, sé que también puedo ser agresiva. Es más, me niego a someterme a esa exigencia de dulzura y ternura permanente por el mero hecho de ser mujer. Claro que puedo insultar, claro que llegado el caso puedo llegar a ser agresiva y violenta, como cualquier otra persona en una situación límite. No somos santas. Somos humanas, con nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestras inseguridades y nuestros miedos. Igual que vosotros.
El problema está en que a nosotras no se nos toma en serio. Nosotras somos unas locas, unas histéricas, o estamos con la regla. El problema es que al hombre que no se somete al ideal heteronormativo y patriarcal es una nenaza o un maricón, mientras que mujeres y gays somos el insulto.
Por favor, dejad de creer que la culpa es nuestra. No os dejéis engañar, no hay culpa en la libertad. No dejéis de poneros ese vestido que tan bien os queda. Ni dejéis de hacer nada por lo que puedan decir, es normal que lo haga, la felicidad da una envidia increíble.


Un beso enorme. Y como dice Simone de Beavoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

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