Gracias, Arturo Pérez Reverte, por haber escrito este artículo. O este otro artículo. Gracias porque es un recurso idóneo que alegaré
cuando discuta con gente que me diga que “ya no es necesario el feminismo”.
Usted, hombre privilegiado, blanco, heterosexual, cisgénero; usted que ha
leído, escrito, viajado; usted tiene una elevada formación académica y ocupa un
lugar importante en la élite cultural de un país desarrollado, pero perpetúa una sociedad machista,
desigual y misógina.
Sin
tacones podemos llegar más lejos, y eso es lo que realmente asusta a las
personas que, como usted, no
ven a las mujeres sino como complemento del hombre, como objetos.
Así queda reflejado en un ridículo artículo en que muestra su decepción ante todas
nosotras por no satisfacer sus deseos, por no vestir ni andar como a usted le
gustaría, por increparle ante lo que a usted le puede parecer
una galantería –ceder el paso al entrar a un local– pero para nosotras no tiene
por qué serlo, porque tenemos voz e ideas propias y no tenemos por qué estar de
acuerdo con sus ideales de lo que es el respeto y la educación.
Lamento
decirle que las
mujeres no hemos venido al mundo para alegrarle la vista, señor Reverte,
así que, si queremos calzar zapatos planos y llevar “las lorzas al aire”, por
mucho que no sea de su agrado, lo haremos. Y no por eso somos menos que las mujeres
del siglo pasado, a pesar de que usted haga hincapié en ello; tampoco somos
más, porque aunque se empeñe en valorarnos por nuestro aspecto físico, nuestro
envoltorio es sólo una parte de nosotras y tiene la importancia que cada una
quiera darle.
Para
lamentarse es también el
hecho de que usted tenga la osadía de comparar a una mujer con un caballo y
desee abatirla de un disparo sólo por no andar con precisión con tacones –por cierto, le invito a ponerse unos
durante al menos diez minutos, estoy segura de que es capaz de criticar el
estilo con que se llevan sin haberse calzado nunca unos– cuando cada día en
todo el mundo hay mujeres asesinadas por esa misma misoginia. Además tiene el valor de situarse como víctima: “ya no quedan mujeres como las de antes”, porque
verdaderamente le apena que tengamos poder de decisión sobre nosotras y no
seamos “algo” bonito que admirar y poseer.
Cada
vez que alguien como usted abre la boca o una nueva entrada en su blog, cada
vez que hace acto de presencia en los medios, que obtiene visibilidad, la
sociedad entera da un paso atrás y se aleja de la igualdad. Afortunadamente, mientras usted proclama su angustia
por el declive de “las mujeres florero”, ya somos muchas las que luchamos día a
día.
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